Lo quiero desde mis entrañas. Lo necesito igual que a mi hígado, a mi cerebro, a mis ojos. Sin el se me rompen los huesos, se me derriten los pulmones y no puedo respirar... él me hace falta para vivir.

14 de mayo de 2011

Muchas veces tengo la sensación de estar pasando por encima de mi propia vida sin enterarme.