Lo quiero desde mis entrañas. Lo necesito igual que a mi hígado, a mi cerebro, a mis ojos. Sin el se me rompen los huesos, se me derriten los pulmones y no puedo respirar... él me hace falta para vivir.
16 de diciembre de 2010
Pero siempre que pedimos un poquito... lo que queremos es mucho, o mejor dicho todo.